domingo, 31 de enero de 2010

¿Derrochamos vida o disfrutamos de ella?


Sufrimos mucho por temor a la pérdida de lo que poseemos, pero de lo único de lo que somos dueños en ese estado es del miedo.
Por ejemplo:
· Si tememos perder la salud, el temor ante su pérdida nos lleva a estados de ansiedad (miedo), que castigan el cuerpo desde la mente; finalmente, el cuerpo lo somatiza.

· Si vamos pisando a la gente para conservar nuestro puesto de trabajo, mientras lo hacemos vendemos nuestra dignidad; en el núcleo de esa “batalla” sólo queda el miedo, incluso aunque creamos haberla ganado.

· Si perdemos la tranquilidad imaginando un negro futuro, hacemos que el presente se diluya; cambiamos vida por miedo.

· Si juzgamos a otras personas, con o sin motivo, la verdadera causa que nos impulsa a hacerlo es nuestro propio miedo, el que proviene de la falta de amor en nosotros por creernos jueces, probablemente, de los miedos de los demás.


El miedo ha contraído o anulado al amor.

Invirtamos el sentido de los ejemplos propuestos:

· Disfrutamos de nuestra salud y enfocamos nuestra energía a crecer amorosamente.

· Nos dedicamos a hacer nuestro trabajo lo mejor posible y generamos atmósferas productivas e integradoras.

· Estamos atentos al presente, sin perdernos ni un detalle de la belleza.

· Vivimos y dejamos vivir, y somos correspondidos con la misma moneda.

El amor, lo que somos, se expresa y se expande.