jueves, 27 de enero de 2011

Donde la soledad se mece



Elevada la mirada y sin meta fija,
he contemplado la vida desde distintas posiciones,
alerta, pero con paso firme.
Escucho, inquieta, los latidos del corazón,
que, a intervalos distanciados, acompasan mi alegría.
Y me regocijo en ella sin retenerla.
Cadena de regalos que alivian el alma, a veces tocada.
Impulsos directos a la emoción con encargos para la razón.
Recompensas que llegan cuando estás dispuesta a no esperarlas.
Y bajo el júbilo y los temores, un lecho de calma imperturbable.
Sostenida quietud interior,
donde la soledad se mece, templada.
Y la vida pasa, deshojando flores, apartando espinas,
abriendo un sendero infinito, del que nace la montaña de ilusiones,
a la que se atan los sueños que el amor libera y rocía.